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sábado, 28 de septiembre de 2024

Sergio Rotman: "Cienfuegos se separó porque nos odiábamos, pero la música es más importante"

 Para Circo Romano | Publicada el 25 de septiempre de 2024

La banda se presentará, luego de dos años, en el Strummer Fest. Antes de subir al escenario de Villa Crespo, el prolífico intérprete habló sobre las sensaciones que le genera este momento, el reencuentro con sus compañeros y los próximos pasos de su carrera.

Texto Andrés Birman

El sábado 5 de octubre marcará el regreso de Cienfuegos a los escenarios, como parte del Strummer Fest. La grilla de este encuentro flamea la bandera del under en su máxima expresión.
El festival suele realizarse en Strummer Bar, de Palermo, pero en esta ocasión especial se mudará a Villa Crespo, para hacer base en el Complejo Art Media.

Cada edición brinda una sala equipada a grupos emergentes de la escena independiente de la Ciudad de Buenos Aires. Y esta no será la excepción, por más que mezcle a miles de personas que aún no conocen la movida con su público habitué. El cierre será explosivo y estará en manos del combo que integran Sergio Rotman (uno de los organizadores de la velada), Gigio González, Fernando Ricciardi, Hernán Bazzano, Martín y Diego Aloé. Y, si bien serán de la partida Pez, Lucho al Attaque y Fantasmagoria, compartirán cartel con artistas que ya pasaron por las tablas de Strummer: Unoxuno, Semilla de Maldad y Nikkö.
El martes pasado los protagonistas convocaron a una conferencia de prensa y Ariel Minimal (cantante y guitarrista de Pez) fue el primero que tomó el micrófono y resumió la propuesta: “Strummer es un escenario de más fácil acceso que otros, donde las bandas más jóvenes pueden conseguir una fecha, tocar y mostrarse. Ese sábado intentaremos celebrar la existencia de este lugar, dando a conocer un montón de gente y grupos que están asociados al espacio, ya sea manejándolo, tocando o pasando música. Acá ocurren cosas”.

Luego de escucharlo atentamente, Sergio Rotman dijo que “este festival es una gloria” y comentó que se asoció al club nocturno en 2021, “porque lo primero que pude hacer en pandemia fue pasar música en el patio de este lugar. Inmediatamente, me di cuenta -no por inteligente, sino porque viajé por todos lados- que tiene una magia increíble. Acá vi shows muy impactantes y para poca gente. Creo que en el futuro no vamos a querer siete millones de seguidores, sino tocar para cincuenta asistentes”, agregó.
Y al culminar la presentación del line up, señaló qué atractivo tiene la propuesta para él: “Hay mucho de ´hacelo vos´. Hay pocas compañías discográficas o influencers acá. Lo que vas a encontrarte son personas haciendo música”.

Circo Romano charló con Rotman. El prolífico músico, que también editó dos discos como solista y cuenta con historia en Los Fabulosos Cadillacs, El Siempreterno, Los Sedantes, Mimi Maura y Dub Clash Orquesta habló sobre este regreso, lo especial de Strummer y cuáles serán los próximos pasos de su carrera.

– Durante mucho tiempo parecía imposible un regreso de Cienfuegos. Sin embargo, en 2019 sucedió con la idea de que sea la única vez. Se repitió en 2022 y pronto habrá una tercera oportunidad. ¿Qué es lo que pasó en el medio entre reencuentro y reencuentro?
– Ricciardi y yo tocamos juntos todo el tiempo con Los Cadillacs, en su momento con El Siempreterno y cuando yo estaba en Mimi Maura también; con Gigio tenemos mucha actividad… En realidad no existe un antecedente, yo no puedo reflejarme en bandas más grandes que nosotros, porque nosotros estamos haciendo este camino por primera vez. Lo que le pasa a Cienfuegos; unos pibes que empezaron en la época de los milicos en la escena de punk rock de acá, se convirtieron en padres y ahora son abuelos… No te puedo decir qué va a pasar porque nunca sucedió antes. Entonces por ahí digo: ´No quiero tocar más´ y a los dos años tocar es lo único que quiero. Antes no existía la cultura juvenil ni el rock and roll, nuestros viejos no hacían lo que hacemos nosotros. No sé qué carajo pasa, no tengo idea. Martín Aloé y yo somos amigos desde los 16 años y es la primera vez en la vida que nos sucede esto. Paramos porque nos odiábamos, ¿para qué te voy a engañar? Y, de repente, la música fue más importante.

– Hay algo en tus palabras que se relaciona con el espíritu de este festival: sentirlo y hacerlo.
Sí, esto no es seguro, ni es un festival de Disney ni es La Bresh, ¿entendés? Hay ciertos festivales, no quiero hablar mal, pero Lollapalooza… vos ya sabés.
La gente compra la entrada igual, no importa quién toque; eso es muy raro. En cambio, toda esta experiencia de un montón de horas va a ser única. Será un encuentro de rock and roll, con gente que está bastante desquiciada y eso es material muy volátil. Cuando recuerdo las cosas por las que me peleé con mis compañeros, no lo puedo creer.

– Durante marzo publicaste, en dos tandas, “El pasado”. Allí revisitaste cinco temas de varios grupos que tuviste a lo largo de tu trayectoria. ¿Te queda algo de esas grabaciones esperando por salir?
– No, eso ya está. Vos antes podías pensar un disco que lo sacabas, salías de gira y te iba a llevar a tocar un buen tiempo. Así fue la industria musical durante sesenta años. Bueno, eso ya no existe más. Entonces, como hace unos meses iba a tocar en Groove y dentro del ciclo Basura Post Punk, elegí unas canciones para poderlas hacer en vivo. Porque pasa una cosa: si sos un compositor como yo, con tantos grupos, cuando un proyecto se detiene; la música también se detiene. Como no toco música de mi proyecto anterior, entonces me daba mucha impresión que haya canciones que me gusten y nadie las toque. Por eso llegué a la idea de grabarlas, pero no, lo próximo será un disco como Rotman y me gustaría hacer otro con Los Fabulosos Cadillacs.

STRUMMER FEST
Complejo Art Media, Avenida Corrientes 6271 (CABA)
Entradas disponibles en https://www.passline.com/eventos/strummer-fest


domingo, 19 de junio de 2022

"Okupas fue una banda de rock que apareció en la televisión"

 Para Circo Romano | Publicada el 16 de junio de 2022


Hay un nuevo libro sobre la serie que cambió la forma de hacer ficción en Argentina. El escritor Leandro Barttolotta analizó el fenómeno, que sigue vigente, a dos décadas de su primera emisión.
Texto Andrés Birman

Okupas salió al aire por primera vez el 18 de octubre de 2000, en el canal estatal. Y, sin proponérselo, marcó entonces el comienzo de un fenómeno popular. La serie contaba el recorrido de Ricardo, Pollo, Walter y Chiqui (Rodrigo de la Serna, Diego Alonso, Ariel Staltari y Franco Tirri, respectivamente), quienes convivían en un caserón de Congreso del que recién la policía había desalojado a sus ocupantes. 

Al concluir los once episodios, hubo dos repeticiones en distintos canales de aire. Y así se reconfirmó el inicio de la leyenda. La historia, el guion y los personajes calaron muy hondo en un sector de la sociedad que, con el paso de los años, la mantuvo boca a boca de distintas formas: la conversión de los VHS a DVD permitió su llegada a las ferias en que se buscaba material pirata. Luego fueron las webs de descarga y más adelante YouTube quienes ayudaron a agrandar el mito. Mito para el que fue importantísimo el Negro Pablo (uno de los mejores villanos de la TV local, interpretado por 
Dante Mastropierro).

  
Pero el año pasado, y luego de una larga cruzada de los fanáticos que deseaban disfrutarla en buena calidad, la serie de culto dirigida por Bruno Stagnaro conquistó Netflix. Para dar ese paso se requirió la composición de una nueva banda de sonido, ya que la versión original contaba con varios clásicos del rock, cuyos derechos de autor resultaban impagables. Ahí entró en escena Santiago Barrionuevo, líder de El Mató a un Policía Motorizado, que con nuevos sonidos adaptó las imágenes a la plataforma de streaming.


Mientras eso sucedía, 
Leandro Barttolotta comenzaba a escribir “Okupas, historia de una generación”, que recientemente lanzó Editorial Sudestada y fue presentado con una firma de ejemplares en su stand de la Feria del Libro. El autor charló con Circo Romano acerca del cómo este unitario atravesó su vida, qué lo distingue de otras producciones, los memes que originó, la amistad de sus protagonistas, la representación de la sociedad previa al estallido de 2001 y, sí, la nueva banda sonora.   




– ¿Qué representa Okupas para vos, que te llevó a escribir un libro sobre la serie?
– La verdad es que Okupas no necesitaba un libro, no le sobra ni le falta nada. Es algo que nos conmovió y, como tal, no sé si requería eso. Pero sí yo necesitaba escribirlo. Una de las hipótesis que plantea es que, más que una serie, fue una banda de rock que apareció en la televisión, desde ahí interpeló y llamó a toda una generación que no estaba representada en la pantalla, que incluso casi no formaba parte de cierto ritual doméstico de sentarse a mirar tele. Entonces se parte desde ahí, saber qué pasó con esos televidentes originarios ­–por decirlo de algún modo– que la vimos en los viejos aparatos de tubo. Y después empezar a ver, durante estos veinte años, cómo cada vez que cambió de formato (VHS, DVD trucho, sitios de descarga, YouTube y finalmente Netflix), nos permitió seguir pensando la época; qué pasaba con nosotros, cómo cambiaron la ciudad, las formas de ser joven y hasta también el ver televisión. Con respecto a la escritura, desde aquellas primeras salidas al aire nos pasó que cada vez que la vimos nos dejó manija y unas ganas de expresarnos. Ya sea charlarla con amigos en el barrio dos décadas atrás o participar de alguna movida que se armaba en un centro cultural y se pasaban capítulos, para después hablar de Okupas.

– ¿Cómo era y en qué momento estaba el Leandro Barttolotta que miraba la serie por televisión en 2000?
– Traté de pensar cuál fue el capítulo con el que me enganché y siempre jodo con esa escena de Los Simpson en que Bart lo llama a Milhouse y le pregunta si estaba mirando el mismo canal que él. La respuesta es que sí, aunque estaba en cualquiera y justo cambia. Me parece que pasó algo de eso, nosotros no lo esperábamos, aunque sí cierta crítica especializada. Siento que nos metimos en una función que ya estaba empezada. Yo tendría 17, 18 años… recuerdo que era ver la serie y salir al barrio a comentarla. Yo digo que la veíamos con la tele en la vereda, porque apenas terminaba tenías ganas de conversar sobre eso. Como soy de Quilmes, recuerdo muy bien el furor que habían provocado los episodios grabados acá (Bienvenidos al tren y El ojo blindado). El punto de vista del libro es adulto, pero a la vez trata de conversar permanentemente con ese pasado que existe y con las preguntas que nos hacemos hace veinte años.

– La comparación con Los Simpson no parece casual. Son dos series a las que, aunque se sepa lo que va a suceder, mucha gente vuelve y siempre encuentra algo nuevo o diferente.   
– Está bien esa analogía, porque si hay dos industrias creativas de memes son Los Simpson y Okupas. Eso que en los últimos años aparece como uno de los modos de expresión social es un indicador. Hay muchos memes de la serie que dialogan con otros de Los Simpson, hay algo ahí que muestra lo que significó para toda una generación. No se agota como historia, por todo lo que genera para la amplia familia okupera, pero a su vez toca algo en esa trinidad de amistad, calle y noche. También nos preguntamos qué pasó con los amigos, qué tipo de vínculos creamos en esos tiempos, si se sostuvieron o mutaron. El desafío era correrme un poco del pasado y pensarlo como algo que muta, va y vuelve, mete preguntas ahí.

– ¿Cómo fue el proceso de escritura y cuánto tiempo te llevó realizar el libro?
– Fue escrito aprovechando la nocturnidad de mi insomnio. Habré tardado cinco meses, pero con el proyecto muy avanzado llegó el estreno en Netflix y ahí me surgieron un montón de nuevas preguntas. Entonces hice un rastreo, lo más exhaustivo posible, de todas las entrevistas que hay a los actores, director, productor y guionistas, tanto en diarios como a través de medios web.

Todas las hipótesis que nacen, hasta las más delirantes, traté de justificarlas en esa búsqueda de material. La decisión pasó por no hacer notas para el libro, porque el punto de vista era desde abajo del escenario y quise mantenerlo. El trabajo se dio en medio de la peste, que implicó guardarse un poco y eso seguro aparece en el tono de las páginas.

– ¿Sabés si alguien que haya participado de Okupas recibió el material? ¿Cómo fueron las reacciones?
– Sé que le llegó a Bruno Stagnaro. También a Diego Alonso, que se sacó una foto con el ejemplar y fue muy emotivo. Me interesa mucho saber cuáles son las lecturas que pueden hacer. Ariel Staltari lo recibió con muy buena onda y eso es una re alegría. Estaría buenísimo poder hacer alguna presentación con alguien del equipo.

– Okupas hizo el camino inverso al común de las series. No es un contenido original de Netflix y si hoy está dónde está es por la gente que pedía disfrutarla en buena calidad. La plataforma entendió que ­–dos décadas después- seguía generando algo en el público y se interesó por ofrecerla en su catálogo.
– Hubo algo de demanda o pedido desde abajo de la propia gente, fue así, no es que lo incluyeron en el catálogo a ver si generaba algo. El pedido pasaba más por la remasterización y verlo en HD que por el hecho de estar en Netflix. Había algo en la calidad de las imágenes que circulaban que ya no permitía distinguir mucho, además de que el audio era malo. Este cambio nos expuso de manera obscena un montón de cicatrices de esa ciudad que no recordábamos y vemos un montón de detalles en los personajes que antes pasaban de largo. Y sucede algo con la misma plataforma, que es –inevitablemente– de domesticación, para ver desde un lugar diferente al que mirábamos Okupas en otros momentos, lo cual también implicaba un desafío. Me acuerdo que en las redes oficiales anunciaban a la serie con el lenguaje propio de los fanáticos y eso es algo que hoy siguen haciendo. La llegada a Netflix corona la vigencia de todos estos años.

– Considerando que la sociedad y la ciudad ya no son como aparecen en la serie, ¿qué creés que tiene Okupas que, tanto tiempo después, atrapa a gente que ni había nacido cuando se hizo?
– Esa es una de las preguntas que motoriza el libro, sin dudas, pero creo que se respetan ciertos misterios y enigmas. Porque si uno piensa a Okupas como una banda que apareció en la tele, o como algo anexado al movimiento del rock de aquellos años, también se puede pensar que siguen sonando Los Redondos, los Stones, La Renga… Incluso aparecen nuevas escuchas de pibitos y pibitas que eran hermanos menores o ni siquiera habían nacido, yo juego con esa imagen. Por eso la insistencia con la relación de amistad y el modo de ocupar la calle. Eso va en términos grupales, hay algo de banda que hoy pareciera que retorna. Es cierto lo que dijeron actores, guionistas y demás: hay algo de la intensidad con que se vive la amistad en una sociedad hecha mierda, que conmueve y moviliza. No es eso solo y una de las posibles explicaciones de por qué se mantuvo es que se parece demasiado a esas bandas de rock que también perduraron. Es como cuando escuchás un disco después de mucho tiempo y te sigue llegando, porque toca fibras que también son del presente. Okupas siguió, de algún modo, pensando la coyuntura política y social, porque todos los días hay un meme con algo de la agenda mediática.

– ¿Cuál creés que es su punto más alto?
– Los personajes representan una de las cosas más grosas. La serie muestra una vagancia popular muy amplia. Y Dante Mastropierro –el Negro Pablo– suele decir que todos se pueden identificar con algún gesto, con alguna acción, con algún berretín de cualquiera de los personajes. No era una noción del mundo popular reducida a cierta representación de lo marginal o “una de tiros”, por decirlo así. No es permanentemente secuencias, violencia y demás… Hay un mundo popular muy grande; está el que hace changas, el paseador de perros, el transa, el que pide monedas, el mantenido de la renta familiar, el que roba. La identificación no es sólo con un personaje, sino con momentos de cada uno o sus personalidades. Por ejemplo, la manera de ser amigo del Chiqui siempre emociona y es una utopía. A su vez el uso del lenguaje que hace el Negro Pablo es impresionante.  
Yo, que soy fanático de los Rolling Stones, me identifico con Walter; porque no solían aparecer así los rolingas en la televisión. Te los ponían como un estereotipo, siempre reducidos a dos o tres gestos, analfabetos o tirando pocas palabras y acá aparece uno en la ciudad, en la noche, con su modo de hablar. Hay una representación de los cuerpos de una generación, del vocabulario y el descanso a los demás. La avidez y esas ganas de morfarse al mundo que tiene Ricardo son las mismas que teníamos todos al salir de la escuela secundaria. Si comparás, las series que vinieron después redujeron el mundo popular a algunas imágenes de lo marginal y muchas veces desapareció la figura del laburante. Todo se acható y, como dice Bruno Stagnaro, se convirtió en una especie de Policías en acción.

– ¿Qué sentiste con la banda sonora que se realizó para esta nueva versión?
– La cuestión de mejorar la calidad era necesaria, porque además permite salvaguardarla del paso del tiempo que puede hacer mierda lo material. La verdad es que, en lo personal, no me gustó el cambio en la banda de sonido. Más allá de los derechos de ciertas canciones y la musicalización evidente, lo más complicado es que la sensación –dicho de una forma muy brutal– era que se había desviscerado algo. Se quitó un ambiente sonoro en arreglos y detalles muy chicos, más allá de lo que significan algunos temas en determinadas escenas. A veces cortaban bastante el mambo o no tenían mucho que ver con la música en el momento de la emisión original. Cuando están bajando al río de Quilmes suena algo que no es acorde a lo que pasa y ahí se nota más. Me parece complejo ese vaciamiento de sonidos que nos trasladaban en el tiempo. En mi experiencia, por momentos es un silencio bastante complicado el que se siente. A nosotros la serie nos linkeaba con la época y al cambiar eso, hay algo de la memoria privada que se interrumpe. Hay un capítulo del libro, Okupas rocanrol, en el que nos preguntamos por qué algunos grupos de la época no estaban en el primer soundtrack. Jugábamos a que en ciertos momentos podrían sonar La Renga, Los Piojos, Flema, Las Pelotas, Viejas Locas.  

– El personaje que ingresa a la casa con una sandía en medio de una fiesta era un misterio en sí mismo. Resultaba interesante que no se resolviera, pero en la nueva versión se perdió algo de ese encanto.
– Sí, queda muy direccionado hacia ahí. Más allá de que pueda ser ladrón o policía, podía ser un personaje del desborde, de la noche, esa gente hermosa que no sabés de dónde vino y quién la invitó a la fiesta. Hay musicalizaciones que quitaron una ambigüedad que estaba buena.



SOBRE EL AUTOR
Nació en Quilmes en 1983. Es graduado en la carrera de Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y trabaja de docente en el conurbano bonaerense y de tutor en la Diplomatura de Gestión Educativa y en el Seminario Pedagogía Mutante de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Escribió en la revista Crisis la “Sección conurbano” (2016-2021) y en otros medios. Es integrante del colectivo de investigación y escritura política Juguetes Perdidos, que suele colaborar en varias publicaciones y revistas. Editaron con Tinta Limón los libros Por atrevidos. Politizaciones en la precariedad (2011), ¿Quién lleva la gorra? Violencia/nuevos barrios/ pibes silvestres (2014), La Gorra Coronada. Diario del macrismo (2017) y La sociedad ajustada (2019).

Link a la nota> https://circoromano.com.ar/okupas-fue-una-banda-de-rock-que-aparecio-en-la-television/

Escuchá la entrevista pulsando la imagen


jueves, 9 de junio de 2022

La biografía de Palo Pandolfo: "Su éxito fue llegar directo al corazón y hacer con su obra lo que él quisiera"

 Para Circo Romano | Publicada el 9 de junio de 2022

Facu Soto lanzó "De la noche a la mañana", que aborda la vida personal y artística del recordado músico argentino. El escritor contó detalles del libro que lo ayudó a transitar el duelo. 

Durante mayo salió “De la noche a la mañana”, el libro en el que el periodista Facu Soto cuenta la historia personal y artística del recordado Palo Pandolfo, publicado por Editorial Sudestada. Con testimonios del músico y varios amigos cercanos, en estas páginas tienen lugar su infancia, las épocas de Don Cornelio y Los Visitantes, los proyectos paralelos, su costado espiritual, la etapa solista y sus últimos días en tiempos de aislamiento.

El autor habló con Circo Romano acerca de su trabajo para este material, la participación de Palo y el vínculo que cosecharon a lo largo de casi 35 años. Además, analizó su concepción del arte, su obra, la idea del éxito y contradicciones entre ser de culto y popular. También rememoró algunas anécdotas que lo pintan de cuerpo entero.  


- Si bien Palo solía aparecer en los medios de comunicación, hay en el libro muchos aspectos de su vida personal que no conocíamos. ¿Cómo fue el proceso en el que lo escribiste?

- Fue sorprendente, porque a Palo lo conozco desde los quince años y hoy tengo 50. Me acerqué por verlo en shows y seguirlo en los medios desde la época previa a internet. Cuento con mucho material en unas carpetas de archivos con notas exquisitas del suplemento No de Página/12 y un montón de revistas underground. Lo vi más de 100 veces en vivo, con distintas formaciones y momentos. Pero cuando charlábamos para el libro -durante unos años me dio una mano con entrevistas y participando de situaciones- aportaba sus recuerdos. Por ahí yo le preguntaba algo presuponiendo determinada respuesta y salía por otro lado. Eso estaba buenísimo, porque uno se arma una imagen, un estereotipo, aún conociéndolo como lo conocía yo, ¿no?

- Estuvo muy al tanto de lo que pasaba con este proyecto durante los inicios, que después continuaste luego de su muerte.

- Le propuse este proyecto, se emocionó, le gustó y me ayudó durante mucho tiempo. Después hice algo que lo volvería a hacer solamente con él y lo hice solamente por él. Colaboro hace muchos años en varios medios y una de las premisas básicas es que una vez que el entrevistado te dio una nota y uno hace artilugios para que no diga lo mismo que en otros medios, sería suicida darle la entrevista al entrevistado, porque te la recorta como quiere y quizá pide que saques lo más interesante que te dijo. Ni en pedo se hace eso, pero bueno, yo lo hice con Palo. No estaba el libro terminado, era un boceto, faltaban muchos años más de su carrera y a él en realidad no sé si le gustó o no, pero prefirió que quedara ahí en ese momento. Me marcó algunas cosas que tenía razón sobre anécdotas que no iban a ningún lado, que repetían cosas que eran medio absurdas. Después me decía que la sacara cuando se muriera, pero nunca lo registré como algo en serio. Pasando de la noche a la mañana y con la luminosidad que tenía en estos tiempos, pensar en su muerte era increíble. La retomé para tramitar un poco el duelo, que todavía sigue pesando y doliendo. Y me hizo bien desidealizar algunas situaciones, volver a bajarlo a la realidad. Igualmente me acordé todos los días y es algo sumamente fuerte. La reescribí y de aquella primera versión quedaron muy pocas cosas; por ahí entrevistas a músicos con los que tocó y detalles que me contó sobre su infancia.

- Mencionás el título en tu respuesta y no es algo casual. Hay también palabras de Enrique Symns en el libro sobre ese paso que tuvo Palo de vivir de noche a hacerlo de día, cuando cambió sus hábitos.

- El título lo sugirió Palo y me resultó genial, porque a partir de eso me copé y esa era la idea conceptual. Hablé con Enrique Symns dos o tres veces y quizá pareciera que habla mal de Palo. Y, con su luminosidad y clarividencia, me dijo: “No, no, esto dejalo, es lo más jugoso del libro”. Y yo no entendía, porque estaba diciendo que Palo era un pelotudo y a él le parecía genial. Y revisándolo antes de publicarlo me di cuenta de que tenía razón. El testimonio, cuando pareciera que lo está bardeando, lo que muestra es que le sacó muy bien la ficha. Le estaba criticando este pasaje de la noche a la mañana, porque prefería su lado oscuro. Así que fue sumamente pertinente que esa parte esté.

­- ¿Cómo surgió y de qué manera fue ese vínculo entre un chico de secundaria y un tipo elogiado por la prensa?

- Lo conocí en Canal 13, cuando Don Cornelio estaba por tocar en Badía y compañía. Me llevé una sorpresa porque lo admiraba y para mí era una superestrella. Y tenía una cosa de horizontalidad, lo mismo que dice Charly: “Yo no soy mejor que vos, vos no sos mejor que yo”. Palo lo aplicaba. Me preguntó dónde los vi, si me gustó y terminé atrás del escenario, totalmente emocionado. Me pasaron la dirección de la sala, fui a los ensayos y siempre me trató como a un par, igual que lo hizo con cualquiera que se le acercara. Muchas veces estaba en los camarines y bajaba él a comprar una cerveza, no mandaba a nadie a llevársela. Charlaba con todos los que lo saludaban, terminaba de tocar y se sentaba en el cordón de la vereda con la gente. Aquellas veces me vio fanatizado y me invitó a la grabación de “Patria o muerte”. Pude ver que consideraba un montón de ideas a la hora del registro, que terminaba una y ya quería ejecutar otra. Y eso me inspiró en mi escritura; cuando trabajo cuentos o novelas tengo en cuenta cosas que aprendí de Palo.


- Tu trabajo cuenta cómo fueron sus últimos días y lo difícil de su situación personal durante la pandemia. ¿Tuviste contacto con él en ese tiempo?

- Pasa que todavía no había salido “Siervo”, su álbum póstumo. Nunca separó su vida personal de su vida artística, como tampoco lo hicieron Charly y muchos artistas. Otros por ahí lo enmascaran un poco más metafóricamente, pero él iba diciendo todo lo que le pasaba. Y si lo escuchás, dice: “No tengo casa, no tengo celos, toda mi vida en una flor” (N de la R: se refiere a "Doble corazón", canción que abre el disco). Acordate, además, del contexto que teníamos, en que no salíamos a la calle, no había shows en vivo y está la parte económica, tocaba para vivir. Ahora que está su obra completa y podemos poner todo sobre la mesa, se van armando las piezas del rompecabezas.

- Aunque Palo Pandolfo era un artista de culto, ¿coincidís si decimos que también hablamos de un músico popular?

- Coincido, totalmente. Me parece que a veces las expectativas de los demás son muy grandes. Alguna gente quiere que su artista favorito haga lo que uno proyecta en esa persona. Me acuerdo una vez, en los años noventa, en el bar Sarajevo, estábamos los dos charlando con el dueño del lugar (Eduardo Nosera) y nos decía que había tenido una visión y que nunca iba a ser mainstreem o muy popular. Creo que fue un poco así a lo largo de su vida, porque se sentía bien en el underground y podía hacer lo que quería. Cuando se presentaba en La Luna con su banda paralela Los Locales, no había lista de temas; invitaba a quien tenía ganas, era todo muy surrealista e improvisado. Si le pintaba agarrar una guitarra criolla y tocar un tango, lo hacía. Lo mismo leer un poema o invitar a bailar a Karina, quien después sería su esposa. No se sabía qué podía llegar a pasar y eso te generaba muchas ganas de ir a verlo. Hizo confluir un montón de sonidos y ritmos, cuando eso era muy criticado. Fue un artista muy transparente y muy verdadero. Después es verdad que uno piensa que “podría haber llegado a ser…”, llenar Obras. Bueno, sí, pero hay que ver si quería eso. Está esa contradicción que yo ya no la veo como algo negativo. Uno vive permanentemente en contradicciones y está bueno porque es parte de un crecimiento. Spinetta decía: “No seas fanática”. Si uno sostiene a mansalva una idea, no crece más. Está bueno dejarse llevar y descubrir que algo funcionó hasta cierto punto, pensar de otra manera. Palo en una época se describía antiperonista, por ejemplo. Después en los últimos años se definía como kirchnerista y era fanático de Cristina. Son movimientos que uno va haciendo y me parece que está bueno en eso no condenarlo ni exigirle que responda a la fantasía que uno quisiera. Fue lo que quiso ser y lo que pudo.  

- Tuvo un costado político muy activo. En los últimos años hasta hablaba de fundar un partido.

- Hubo muchas cosas que en su momento se podían pensar como un delirio o que no fue entendido en su época. Palo era un tipo que priorizaba la bondad y el bien con mayúsculas, me pedía que escribiera esa palabra con mayúsculas. Pensaba mucho y asociaba que su función para tocar o cantar era dar un mensaje energético y de bien en el mundo. Sus ideas estaban buenas y plasmadas en un partido político hubiese sido más que interesante. Yo me considero político, pero no hay ningún candidato de ningún partido que me represente. Quizá, Palo en ese rol hubiese sido sensacional, ¿no?

- Hay varios testimonios en la biografía que apuntan a que cuando Palo veía venir un momento de “éxito” se boicoteaba a sí mismo. Estas páginas también nos llevan a replantear qué es el éxito para cada persona.

- Tocó en Plaza De Mayo, fue bastante conocido en muchos lugares, pero no mantuvo esa popularidad constantemente. Fue también popular en el sentido de lo que a él le gustaba: por ahí tocar ante pocas personas, pero en una fiesta y de día, con artistas de folclore. Eso le resultaba exitoso; llegar quizá a poca gente, pero directo al corazón. Vendió más de 30 mil copias de “Maderita”, pero creo que su éxito fue hacer con su obra lo que él quería: viajar y tocar en el interior, en lugares donde llegaba y se nutría de un montón de información porque hablaba con la gente. Y así le transmitían data sobre hierbas medicinales, de árboles, de astronomía… En un punto era re nerd. No me refiero al estereotipo o a algo peyorativo, sino a alguien que quiere absorber conocimientos de todo tipo. Un día me acompañó a tomar el tren y le dije que era como la Enciclopedia “Lo sé todo” que había en mi casa cuando era chico.


- No hacía lo que se esperaba que haga. Algo de eso empezaba a notarse cuando salió “Patria o muerte”, de Don Cornelio, luego de la prolijidad y la alta rotación radial del primer disco.

- Eso fue algo cíclico en él, pero no creo que lo haya hecho de una manera caprichosa. Mirá, una vez estábamos en la Legislatura y me presentó a Miguel Grinberg. Y en un momento, estaban todos parados cantando el himno y Palo se sentó. Después se lo dije y no se había dado cuenta. Era super patriótico, no fue una actitud punk ni nada por el estilo; iba contra la corriente y tenía eso incorporado. Yo creo que vivió el patriotismo de una manera mucho más fuerte que un montón de gente que estaba ahí haciendo acto de presencia. Tenía pasión por la patria y por la historia. Te decía que no hacía falta estar parado para sentir el himno, se salía de la norma y creo que eso era interesante.

- “De la noche a la mañana” cuenta que Palo quería hacer un disco que se siguiera escuchando diez años después. Al revisar su obra, hay muchísimo material y claramente lo logró.

- Lo logró y lo superó. Eso lo empezó a decir durante el principio de Don Cornelio. Su mayor deseo era que alguien esté “flasheando” (usaba esa palabra) con su disco y que lo pudiera escuchar después de diez años. Bueno, desde 1987 hasta acá pasaron muchos más. Creo que su último disco, “Siervo”, es una joya y tiene una sensibilidad increíble. Probablemente se siga escuchando durante muchísimas décadas. Es un aporte a la cultura que tiene un montón de capas para descubrir en las letras y en los sonidos.

SOBRE EL AUTOR
Facu Soto
es narrador, poeta, periodista y psicólogo con perspectiva de género. Es egresado de la Diplomatura en Géneros, Políticas y Participación, de la Universidad Nacional General Sarmiento.

Colabora en el suplemento Soy de Página/12. Coordinó talleres literarios. Ofreció numerosas charlas y conferencias sobre Teorías Queer en la Universidad Federal de Río de Janeiro, Feria del libro, Colegio de Psicólogos, entre otros lugares. Es profesor de la materia Diversidad e inclusión en la Universidad de Flores. Tiene más de 30 libros publicados, entre ellos se destacan: Juego de chicos-Crónicas de fútbol gay (2011), Taller literario (2013), Vivan los putos, Vol. 1 y 2 (2013), Fotocopia (2017), Conversaciones con Washington Cucurto (2017), Alegría (2018), Las inferiores (2018), Ioshua: la biografía (2020), Notas maricas (2020) y El beso del hombre araña (2022).


Link a la nota> https://circoromano.com.ar/la-biografia-de-palo-pandolfo-su-exito-fue-llegar-directo-al-corazon-y-hacer-con-su-obra-lo-que-el-quisiera



martes, 22 de marzo de 2022

Se estrena el documental de Martín Carrizo: "Fue una persona muy amorosa y querible"

Para Circo Romano | Publicada el 22 de marzo de 2022

 Texto Andrés Birman

Este martes 22 de marzo se estrenará en Berlina Vorterix “Acariciando el golpe”, el documental que cuenta la vida artística de Martín Carrizo. El baterista de A.N.I.M.A.L., Walter Giardino, Gustavo Cerati, Pr3ssion y el Indio Solari -además de reconocido productor musical- falleció el 11 de enero, tras varios años de lucha contra la esclerosis lateral amiotrófica que sufría. Durante su gran trayectoria no sólo había cosechado elogios, sino también el cariño y la admiración del público, que se movilizó en numerosos festivales para ayudarlo económicamente en su tratamiento.


Circo Romano habló con Diego Dachdje, director (junto a su hermano Fernando) de esta producción de Tres al Cubo. Nos dio detalles sobre la realización, la participación del propio Carrizo, el preestreno y las próximas funciones.

– ¿Cómo se fue gestando la idea y qué nos podés adelantar sobre lo que vamos a ver en “Acariciando el golpe”?
– En el tráiler nosotros ponemos “una leyenda en primera persona”, porque el hilo conductor del documental es Martín grabado en 2017; cuando todavía estaba muy bien, casi perfecto para poder hablar y expresarse. Surgió como una entrevista medio improvisada, empezó a contar un montón de anécdotas y lo registramos. A partir de ahí tuvimos un montón de material y empezamos a armar algo y gestar un poquito el documental, pero con archivo o fotos que nos podían dar; no había mucho que podamos incorporar que la gente no haya visto. Esto lo estábamos llevando de una manera sumamente independiente y no podíamos dedicarle todo nuestro tiempo. Hasta que en un momento -en medio de la pandemia- nos llama él -que estaba bastante activo en su participación y solía preguntar cómo nos iba- y nos dice: “Vengan a buscar una caja que tengo con casetes, que seguro les va a servir”. Fuimos a la casa y cuando descubrimos lo que había no lo podíamos creer. Ahí apareció el contenido que necesitábamos.

– ¿Qué tipo de imágenes encontraron entre ese material?
– Toda su vida. Él grababa mucho, le gustaba, más que nada cuando salía de viaje o estaba de gira. Había mucho material personal suyo, de su familia, de cuando empezó a tocar a los 15 años. Después apareció A.N.I.M.A.L., Cerati, todo registrado por su cámara y al detalle. Eso nos invitó a llamar gente que participaba de esas imágenes y que cuenten cómo vivían esas situaciones con Martín. Siempre tuvimos como hilo conductor lo que nos dijo en esa primera entrevista de aproximadamente dos horas.

– ¿Cómo era el vínculo previo de ustedes con Martín?
– Mi hermano lo conoció en 2010 y yo lo vi en persona por primera vez en 2013. No te digo que éramos recontra cercanos, pero si había una amistad muy grande. Martín siempre fue una persona muy amorosa y muy querible, entonces se generó un vínculo que estaba muy bueno, más desde el lado humano; porque en lo laboral no habíamos compartido nada, salvo registrarlo a él en los recitales del Indio. Eso era de lo que trabajábamos nosotros y por eso lo conocimos.

– Esto que contás de su costado humano es algo que traspasaba lo que hacía. Lo percibimos también nosotros, a la distancia, que nunca hablamos con él. Tenía una manera de comunicar muy especial. La gente lo quiso mucho y después se movilizó por su situación de salud.
– Sí, totalmente. Cuando empezamos a hacer las tratativas de producción con las personas que íbamos a entrevistar, decíamos para qué era y se nos abrían las puertas inmediatamente. Nos recibían con los brazos abiertos en cualquier lado porque era para Martín, querían participar. Hubo que cortar en un punto porque había que terminarlo, pero nos quedaron entrevistados afuera. Cuando tocaron Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en diciembre del año pasado, hicimos algunas notas en La Plata y decidimos dedicarnos a la postproducción. Ya Martín estaba muy mal y la idea era que todo esto sea un regalo para él. Queríamos que lo vea, era un homenaje. Lamentablemente se fue antes, no llegamos por muy poquito. Ya venía bastante mal, por ahí llegábamos y no iba a poder verlo tampoco. Nos quedó ese trago amargo, nos hubiese gustado que esté.

– Es importante que él sabía qué trabajo estaban haciendo y desde qué lugar.
– Sí, aparte participaba mucho y muy activamente. Siempre sugería entrevistados y era una especie de productor asociado. Yo creo, más allá de que no soy muy creyente, que en el preestreno estaba él. Había un ambiente muy raro, armamos su batería al costado del escenario. Muchos se sacaron fotos con el instrumento, fue super emotivo. Estaba su familia, la de Gustavo, gente de A.N.I.M.A.L. y los que participaron del documental. Era una audiencia especial, pero el público lo quiere de la misma manera. Tuvimos un termómetro de cómo repercute y fue más de lo que pensábamos, no va a cambiar mucho. El martes lo confirmaremos.

– ¿Cómo tiene que hacer la gente para asistir?
– Esa función la está organizando la radio Vorterix, porque el lugar es de ellos. La idea era hacerla en El Teatro, pero será al lado. Las doscientas entradas las regalan o las sortean, creo que veinte por programa. Igualmente, no es que si te quedás afuera de esto no lo vas a poder ver. La verdad es que nos sorprendió la cantidad de propuestas que aparecieron de todos lados para llevar la película. Tenemos que empezar a organizar eso y a rodarla. Iremos a la mayor cantidad de lugares posible, siempre que la logística lo permita.

– ¿Hay alguna fecha confirmada más allá del 22 de marzo?
– No, primero queremos terminar esa. Ya hay una persona que se está encargando de armar una grilla para poder ordenarnos y no pisarnos con las funciones. Yo creo que a mitad de abril va a haber una próxima y a fines de mes, otra. Pero todavía no está confirmado un lugar. Eso lo informaremos en las redes sociales de Tres al Cubo y en las nuestras personales. La premisa es que siempre se la exhiba con entrada libre y gratuita o haya que llevar donaciones de alimentos no perecederos, pero cada lugar organizará la cuestión del aforo.   



Martes 22 de marzo
“Acariciando el golpe”, documental de Martín Carrizo.
Directores: Diego y Fernando Dachdje.
Producción: Tres al Cubo.
Berlina Vorterix, Av. Federico Lacroze 3499, Colegiales (CABA).

Link a la nota> Se estrena el documental de Martín Carrizo: "Fue una persona muy amorosa y querible" - Circo Romano 10AÑOS

lunes, 20 de septiembre de 2021

La última noche de Patricio Rey: “No teníamos manera de imaginar que esa era la entrevista final”

Para Circo Romano | Publicada el 10 de septiembre de 2021

Humphrey Inzillo contó todo acerca del libro que retrata la nota previa a la separación de Los Redondos. El clima del encuentro, los temas que abordaron, el recuerdo de La García y cómo un trío de periodistas independientes fue testigo de la calma que antecedió al huracán.


El 30 de octubre de 2001 la plana mayor de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota enfrentó un grabador y ya nunca más volvería a hacerlo. El bar Onduras, en Palermo Viejo, fue testigo del último encuentro en armonía del trío que conformaban el Indio Solari, Skay Beilinson y Carmen Poli Castro; cantante, guitarrista y manager, respectivamente.  

Los Redondos, que venían de presentar Momo Sampler en Montevideo (Uruguay) y Córdoba, hablaron con Humphrey Inzillo, Pablo Marchetti y Martín Correa. La charla transcurrió en la antesala del show que programaban para el 8 de diciembre en la cancha de Unión de Santa Fe. Sin embargo, y aunque nadie lo supiera antes, la reunión terminaría siendo la previa a la dolorosa separación del fenómeno popular más grande de la historia del rock nacional, que sucedería unas horas más tarde. Luego de que los músicos se retiraran del lugar, caminando abrazados por la calle Godoy Cruz, tuvo lugar la discusión en la que Solari le puso punto final al vínculo. Dicha entrevista salió repartida en dos números de Revista La García.

A veinte años de los hechos, los tres periodistas presentaron La última noche de Patricio Rey, libro basado en aquel material y publicado a través de Gourmet Musical Ediciones. En el Circo Romano de esta semana hablamos con Humphrey Inzillo, hoy editor de la revista Brando y conductor del podcast La Vida Circular, acerca del lanzamiento, los recuerdos de esa conversación y la redacción de La García.

– ¿Qué recordás de esa entrevista, que fue la última que el Indio, Poli y Skay brindaron juntos?
– Nosotros no teníamos manera de imaginar que esa iba a terminar siendo la última entrevista, que el final del grupo iba a estar tan pegado a eso. Sobre todo porque la imagen que está en la portada del libro es la última que tenemos. La nota duró tres horas con el grabador encendido, en el medio comimos y después se extendió la reunión en una charla en la que fuimos más testigos que partícipes. En ese momento el Indio casi ni se veía con Poli y Skay, entonces de algún modo se estaban poniendo al día. Cuando nos despedimos a las tres y pico de la mañana, quedamos en la vereda y los vimos a ellos irse caminando. El Indio abrazaba a los dos y es el día de hoy que me acuerdo cuando Martín Correa nos dijo: “Miren eso”. No había celulares y no llevamos cámara de fotos. Lo que teníamos era un registro mental que recordábamos perfecto los tres y Alfonso Barbieri logró captar perfectamente en la portada.



– Ellos planeaban un show y se terminaron separando. Antes de imprimir la revista llamaron a la redacción, planteando que la suspensión se debía a la crisis política, económica y social que atravesaba el país.
– Exacto. Y tenía mucha lógica que en ese momento Los Redondos dieran marcha atrás con un show que iba a ser el 8 de diciembre de 2001. Para aquellos y aquellas que tengan un poco de noción de lo que era la Argentina de entonces hubiera sido impensado, irrealizable, un concierto de ellos, con lo que implicaba en cuanto a movilización y con el país a punto de estallar. Era una especie de vía de escape social para esos desangelados y desangeladas que describía el Indio.


– La nota muchas veces giró en torno a la situación de la Argentina. Fuera de esto, el mundo también vivía un momento muy particular y eso fue tema de conversación.
– La entrevista fue un mes después del atentado a las Torres Gemelas, era algo muy reciente. El Indio tenía (y sigue teniendo) un vínculo muy especial con Nueva York y hablamos mucho de eso en la nota. Él se pregunta en un momento, piensa en los vendedores de un local donde iba a comprar ropa en la zona del World Trade Center. Tiene esa cosa de que por un lado pasaron veinte años y parece que es muy distinto el panorama, pero a la vez hay una cuestión cíclica con el regreso de los talibanes a Afganistán que hace que parezca un poco más cercano.

– Fue un encuentro atípico. El Indio hasta comentaba estar muy contento con la Selección de Marcelo Bielsa.
– Mirá cómo cambió todo en unos pocos meses, ¿no? Esa imagen y esa ilusión que generaba el equipo que terminó eliminado en la primera ronda del Mundial 2002. Es lo último que hablaron Los Redondos con el grabador prendido durante una nota. Cuando lean el libro, el final va en esa tónica futbolera. Ya en la primera nota con ellos habíamos hablado de fútbol y el Indio se negaba a decir de qué cuadro era. Después, medio en joda, terminaba cantando: “Dale Bo, dale Bo”. Luego supimos que era hincha de Boca y de su admiración por Juan Román Riquelme.

– ¿Y el clima en el lugar cómo era? ¿Había mucha gente? Ellos hacía bastante que eran personajes muy populares y no solían mostrarse.
– Estábamos en un bar en el que no había demasiada gente y tenía un patiecito donde estábamos prácticamente solos. La moza era francesa y no tenía la menor idea de qué eran Los Redonditos de Ricota. La única interrupción fue cuando apareció Luzzi, personaje legendario del rock de acá y dueño del Marquee. Era muy amigo de ellos, estaba volanteando una fecha y se quedó hablando un rato. El Indio insistía con que teníamos que hacerle una nota.   

– ¿Cuándo y cómo nace la idea del libro?
– La primera vez que coincidimos los tres fue en un cumpleaños del hermano de Pablo Marchetti. Ya era pública la noticia de que la pelea fue esa noche y que esa era indefectiblemente la última entrevista. Desde ese momento y hace varios años nos rondaba por la cabeza la idea de publicarla. Había salido un libro que era la desgrabación completa del relato de Víctor Hugo Morales del partido entre Argentina e Inglaterra en 1986 y pensamos que podíamos hacerlo. Después hay otros que comparten en esencia algo con este material, como Anatomía de un instante -del español Javier Cercas-, que a su vez inspiró a Andrés Burgo para El partido, también sobre ese encuentro del Mundial. Mirá cómo vuelve a aparecer el fútbol, justamente la nota la hicimos el día del cumpleaños de Diego. El partido rojo, de Claudio Gómez -sobre la final de Independiente y Talleres, de 1978- también es un poco hermano del nuestro. Los tres reconstruyen un momento.


– ¿Qué contenido hay en estas páginas, además del que salió en la revista?
– Se van a encontrar con la desgrabación completa de la entrevista, esta es la primera vez que sale tal cual fue. Y después lo que hicimos fue recorrer el camino nuestro, a nivel personal, con la banda. Los tres pertenecemos a generaciones de ricoteros distintas. También incluimos el camino periodístico previo a esa nota y cómo nos fuimos poniendo en contacto y retratando todo su universo. Porque más allá de haber hecho coberturas de todos sus shows mientras estuvo La García en la calle, además hicimos notas con Rocambole, con La Favorita (la banda de Walter Sidotti), con Semilla Bucciarelli hablando de artes plásticas y siempre con muchísimo despliegue. Íbamos mucho a ver a Sergio Dawi y Damián Nisenson, con su proyecto DoSaxos2. Lo mismo con La Saga de Sayhueque (donde tocaban el hijo y el nieto de Poli). No era algo que tuviera que ver con una especulación, en verdad éramos fanáticos y nos parecía buenísimo cubrir todo eso. Fuimos acercándonos, la revista tenía un impacto muy grande entre los seguidores de la banda y fue bastante natural llegar a hablar con ellos. Las ediciones eran muy fieles a cómo eran las conversaciones y creo que Los Redondos valoraban eso. Fue muy genuino.

– En 2009 el Indio envió una carta a varios medios respondiendo a unas declaraciones de Skay. Entonces contó que la ruptura tenía que ver con la tenencia de material audiovisual de Los Redondos y que la decisión se tomó esa misma noche. ¿Qué sentiste en ese momento?
– Mirá, yo ya lo sabía desde varios años antes, por un amigo en común con Skay y Poli. Lo que no me imaginaba era que esa situación iba a trascender públicamente. Aparte al mismo tiempo emergen las verdaderas razones de la pelea. Termina siendo más entre el Indio y Poli la cuestión y Skay simplemente se abre. Eso lo cuenta él en su libro de memorias Recuerdos que mienten un poco. No deja de ser llamativo el modo en que se rompe esa unión tan emblemática y de tantos años.

– ¿La profesión te reencontró con ellos después de 2001?
– Inmediatamente después de la separación, cerró La García, yo entré a trabajar en Rolling Stone y Skay sacó su primer disco solista, A través del mar de los sargazos. Ahí viajé a la presentación, que fue en Mar del Plata, y lo entrevisté para el anuario de 2002. Seguí en contacto por algunas cuestiones periodísticas y cuando se hicieron públicas las razones de la pelea, hablé con Poli; ahí fue cuando dijo que “no hagamos una historia de Rial con todo esto” y contó que las grabaciones estaban en la caja de seguridad de un banco. Me los seguí cruzando en eventos y en bares, porque hasta que comenzó la pandemia tuvieron una vida social bastante activa. Con el Indio no volví a tener contacto, pero me pasó algo gracioso: mandó a la revista un agradecimiento por la reseña de su álbum El perfume de la tempestad y aclaró que no era Luis Brandoni el personaje de una de las ilustraciones, porque yo escribí que era parecido. Martín Correa lo entrevistó para la Mega, antes de su show en Salta de 2011.  

– ¿Y qué significa para vos La García? ¿Cómo la ves a la distancia?
La revista tuvo una vida muy breve, estuvo nada más que un año y medio en la calle y, sin embargo, caló muy hondo. Generó una empatía grande en los lectores, entre toda la comunidad musical rockera y quienes la hacíamos. Me da la sensación de que es un poco de culto. Había un código compartido, sobre todo por las cosas que hacíamos cuando íbamos a cubrir los recitales. Había una fichita en la que medíamos, de modo muy riguroso, el nivel de pogo y el olor a faso de los conciertos. Eso era algo que tanto las bandas como los lectores celebraban. Fue mi primer trabajo y lo considero un privilegio. Éramos todos fanáticos del rock, estábamos en la edad en que uno más va a ver bandas, lo disfrutábamos muchísimo y eso se notaba. Para nosotros era estar cumpliendo sueños todo el tiempo. Hacíamos notas con Los Redondos, La Renga, Charly, Divididos, Cerati, con todos. Para mí es un refugio muy especial, le guardo un cariño y un agradecimiento que es muy emocionante. Y parte de lo que más me gusta de este libro es que, más allá de que está centrado en Los Redondos, reivindica ese lugar maravilloso en donde la pasábamos genial. No hay modo de explicarte en palabras lo que era transitar por esa redacción en ese momento. Para mí fue una escuela. Pasa el tiempo y siguen apareciendo lectores y lectoras. El eje era el rock, pero circunstancialmente aparecían otras músicas. La revista era independiente y había lugar para las bandas emergentes. Mirá cómo terminan siendo las cosas, que Leandro Donozo (el editor del libro), de este emprendimiento maravilloso que es Gourmet Musical, formaba parte de nuestro primer staff. Nos volvimos a encontrar trabajando juntos en un proyecto. Él fue la primera persona en la que pensamos para este laburo y vino a cerrar un círculo, a veinte años del final de Los Redondos y también de La García.

La última noche de Patricio Rey – Entrevista con el Indio, Skay y Poli.
Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti.
Disponible en Gourmet Musical Ediciones

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