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viernes, 5 de junio de 2026

Recuerdos que no mienten, ni un poco


El Indio me acompañó prácticamente toda mi vida. Desde muy chico escuché Los Redondos, porque mis hermanas y mis primos los iban a ver; esa fue mi entrada a la música. 

Me acuerdo los veranos encerrado escuchando toda su discografía. También de aquel pibito que buscaba por dónde pudiera alguna historia para tratar de entender a qué hacía referencia en tal o cual canción. 

No es una exageración: el Indio fue parte indispensable de mi formación. 

Como a muchos, me faltó de todo en momentos muy determinantes y su figura siempre estuvo; representando algo muy difícil de explicar aún en la actualidad.

Me llevó a formar parte de multitudes inabarcables, conocí gente y lugares a los que no hubiese llegado y me emocionó como pocas personas.

Gracias por tu enorme aporte a la cultura popular argentina, por atravesar a todos los sectores sociales de nuestro país, por hacerme pensar, por varias de mis canciones favoritas y por estar a la altura de semejante obra. 

Tampoco quiero olvidarme -nunca lo haré- de que además me regaló el mejor recuerdo que me queda junto a mi hermano, ese día en La Plata cuando por fin lo vimos. 

Hoy es un día muy triste.

No nos olvidemos de nosotros, recordémonos.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Jaime, en la tribuna de Humboldt

Escrito en julio de 2023

 
Texto Andrés Birman

Conocí a Jaime en la popular de Atlanta. No recuerdo exactamente cuándo, pero fue un sábado de 2022. Me contó un poquito de sus hijos y nietos. También sobre que a sus 80 años mantenía un trabajo más por miedo al tiempo libre que por necesidad.

La herencia familiar indicaba que debió ser de Ferro y así fue hasta cierto día en que el Bohemio enfrentó al equipo de Caballito y ganó por goleada. Entonces intuyó que si ese cuadro era capaz de vencer al de su padre, también era capaz de ser mejor. Quiso ese mismo destino que cuando el verde conociera la gloria de la mano de Griguol, Jaime ya tuviera una vida azul y amarilla. Lo mismo cuando el gran Timoteo repitió el título.

Supe desde aquella vez que iba a ser un tipo al que me cruzara siempre en el mismo lugar y del que no me enteraría casi nada más.

Jaime se ubicaba en el escalón más alto y puteador de esa tribuna. Pero no puteaba. Y además de no putear, miraba mal a quienes lo hacían. No le gustaba un carajo. No porque el plantel no lo indignase; tampoco porque le divirtiera lo que los jugadores intentaban hacer, sino porque era un tipo más bien tranquilo. Simplemente le gustaba estar ahí. Hasta hemos hecho algún que otro chiste sobre la situación. Éramos los dos callados de la popular que da a Corrientes.

Vimos varios partidos juntos hasta que no lo encontré más. Siempre que me ubico, cabeceo a ver si lo distingo, pero no hay caso.
Me gusta pensar que el rendimiento del equipo lo terminó de espantar. O, lo que sería mejor, que haya decidido ver la catástrofe deportiva cómodo y sentado en la platea.
Cuando nos cruzábamos tambaleaba Erviti, rajaban a Orfila y firmaban contrato con Giganti. El lunes este último se fue y ayer designaron como DT a Nico Diez.

Espero que el muchacho pilotee y enderece un poco la nave(?). Ojalá consiga los puntos necesarios para entrar al Reducido y pelear por un ascenso a Primera. Y, por supuesto, para que Jaime esté contento desde su sillón o en la platea.

jueves, 20 de junio de 2024

El síntoma olvidado | El trencito de la tristeza


 Texto Andrés Birman 

El futuro que imaginábamos con tanta euforia y ansiedad, antes de la llegada del 2000, terminó siendo esta cosa en la que pagamos cualquier producto leyendo códigos desde un celular, nos hablamos con robots que no entienden el reclamo y apostamos a qué hora será el primer tiro de esquina en un Flandria-Laferrere.


El planeta todo se convirtió en un Instagram gigantesco en el que un montón de personas te va a preguntar cómo estás hoy, pero ninguna estará preparada para recibir un "mal" como respuesta. Una especie de red social enorme en la que sólo importa que tengas una sonrisa para mostrar que la pasás bárbaro, sin importar si por dentro estás todo chamuscado. Y sabemos bien que es mucho mejor visto sentir alegría que andar de bajón por los rincones.

Sonará medio contradictorio, pero encuentro cierta satisfacción en que algunas situaciones no me sean indiferentes. Hablo de acontecimientos ante los que sólo se puede reaccionar con angustia. Raro sería que las calles que habito me pusieran feliz.

Hace años flasheo con juntar un par de bajoneros, alquilar un bondi y montar el trencito de la tristeza. Pasear por todos los barrios y que sea imposible no vernos. Un vehículo en el que suenen las canciones que nunca pondríamos en una fiesta de casamiento y en el que ni Mickey, ni Pluto, ni la Pantera Rosa, ni el Pato Donald tirando papelitos y agitando matracas sean bienvenidos. Podría haber personajes caracterizados como el Joker, el Jack de Tim Burton, Trapito, Faivel o Gil (aquel fracasado divertido que vive en Springfield).

Tengo ganas de esquivar la imposición de ocultar la pesadumbre, esa pelotudez que nos vendieron, y dejar de creer que la alegría es un negocio más rentable. Al fin y al cabo, los antidepresivos y los ansiolíticos cuestan un billetazo. Le hemos aportado muchísimo a este sistema cruel, hacemos que La Tierra gire sobre su eje y siguen escondiéndonos bajo la alfombra.

martes, 3 de octubre de 2023

Napoleón, héroe de Villa Crespo

Para Circo Romano | Publicada el 3 de octubre de 2022

Texto Andrés Birman

Conocida es la historia de Napoleón Bonaparte, el francés de la mano adentro del saco. Comenzó sus campañas militares en el siglo XVIII y un recorrido que lo llevó a convertirse en 1804 en el primer Emperador de su país. Con el objetivo de expandir el imperio de Francia y adueñarse de toda Europa, fue conquistando territorios y haciéndose de poderosos enemigos. Pero no estamos aquí para hablar de su vida. Tampoco de la disolución de Estados europeos, o los nuevos límites que su marcha estableció. Tampoco de las guerras napoleónicas o de su caída en Waterloo.

Sucede que a 11.063 kilómetros de distancia, en Argentina, más precisamente en Buenos Aires, hay un mito que recibió el mismo nombre que el militar, aunque no generó ningún debate. En toda la superficie comprendida entre las vías del Ferrocarril General San Martín, Avenida Dorrego, Avenida Warnes, Paysandú, Avenida San Martín, Avenida Estado de Israel y Avenida Córdoba nadie duda de las hazañas de Napoleón. En Villa Crespo ese nombre es indiscutible.

Habrá que remontarse a 1936. En ese tradicional barrio porteño los clubes de fútbol Atlanta y Chacarita todavía tenían sus canchas pegadas una a la otra, sobre la calle Humboldt. En las instalaciones funebreras pasó algunos días uno de los tantos perros abandonados de la zona, mezcla de salchicha y callejero, tocayo del francés. Quien lo encontró fue Camilo Di Bella, portero en la sede tricolor. Pero como no había lugar para alojarlo, se lo regaló a Francisco Belón, otro habitante del barrio, hincha fanático de la contra y uno de sus primeros socios.

Decidido a convertir al pichicho, su nuevo amo le dio la bienvenida al tiempo que lo adiestraba con una pelota y, a gusto con su nueva vida, Napoléon no tardó demasiado en cruzar de vereda. Así fue que el cachorro se repartía entre su hogar y los campos de juego en los que se presentaba el Bohemio, porque el plantel lo adoptó como mascota. Cada vez que saltaba al verde césped con el primer equipo, el can posaba para la foto, le chumbaba a los rivales, se entretenía con los de azul y amarillo en el precalentamiento, corría, gambeteaba y cabeceaba el esférico. Luego miraba los partidos desde la platea. Los hinchas lo quisieron de inmediato y se transformó en un miembro más de la escuadra. Atlanta le dio la bienvenida con los brazos abiertos y él abrazó sus colores para siempre.

Por aquellos años el equipo jugaba en el fútbol grande. Y, como la campaña era buena, empezó a salir de excursión para apoyarlo en otros estadios. El mismo Francisco Belón lo escondía para subir al tranvía.

Todo mito tiene una fecha consagratoria, un lugar para empezar a ser héroe. A Napoleón le tocó en Remedios de Escalada, sur de la Provincia de Buenos Aires, durante un partido con Talleres de aquella ciudad. Cuenta la leyenda que al saltar de los brazos de su compañero, una bomba de estruendo lo ahuyentó y, aterrado, escapó por debajo de los tablones. El resultado al final de la primera mitad fue catastrófico: 0-5.

Pasado el susto, durante el entretiempo, apoyado en sus cuatro patas decidió que era momento de regresar. Su amo encontró consuelo y Atlanta, su idea de juego. Y lo que parecía imposible se convirtió en realidad: el club concretó una remontada histórica. El encuentro terminó empatado, 5 a 5. Crecía la figura de Napoleón que, ahora también, hacía milagros. Ya no podría faltar ni de local ni de visitante.

Para abril de 1938 llevaba dos años instalado en el corazón del barrio, acompañando al club a todos lados. Era tan necesaria su presencia que se pensaban estrategias para engañar a los guardias y subirlo a los transportes. En eso estaban Belón y su barra de amigos una tarde antes de visitar a Estudiantes en La Plata. Discutían las maniobras para esconderlo en el tren.

Llamado desde enfrente por otro de su especie, en un momento de distracción humana, Napoleón corrió. Cruzó la calle Muñecas y lo atropelló un auto Buick negro. Su partida enlutó a Villa Crespo. Bah, al deporte argentino. Si hasta en los medios de alcance nacional hubo avisos para despedirlo. El diario Ahora tituló: “Murió el as del fútbol porteño”.  
El adiós fue difícil. Algunos pensaron en cremarlo y esparcir las cenizas en el campo de su querido club. Hay también quien sugirió enterrarlo. Para otros esa jamás iba a ser una opción: ¡Napoleón no iba a descansar entre funebreros! 

Finalmente lo embalsamaron. La tarea la realizó un aficionado taxidermista del barrio. Le puso un correaje de cuero marrón con un escudo de Atlanta y debajo de sus patitas delanteras, su juguete preferido: la pelota. Después de una estadía en la sede, regresó junto a los Belón. Las generaciones pasan, pero la familia lo sigue cuidando.

Sobre las tribunas hoy alienta otra camada de hinchas que lo vuelve a ovacionar cuando regresa al Don León Kolbowski para cada partido importante. O como pasó en el centenario de la institución en 2004. Esa vez entró a la cancha, lo llevaron en andas y dio la vuelta olímpica, como les pasa a las figuras de un equipo campeón. Si se festeja algo él dice presente. Ya no están los vecinos de Chaca en la calle Humboldt. Pero Napoleón sigue ahí. Tan indiscutible como de costumbre. 

lunes, 25 de septiembre de 2023

La mirada Kubrick

 Para Circo Romano | Publicada el 25 de septiempre de 2023

Texto Andrés Birman

Norman Bates, Alex DeLarge, Jack Torrance, Lionel Messi y Armandito.

La mirada Kubrick es una técnica cinematográfica usada por el célebre director Stanley Kubrick que, por la contundencia de su efecto visual, emocional y piscológico, quedó en la historia del séptimo arte. Es intensa y penetrante. Además, suele relacionarse con emociones fuertes como la ira, la locura o la determinación.

Verán -luego de la recreación que mi gato Armando se mandó este sábado-, algunas de las más icónicas.

Con Alex DeLarge, personaje principal de La Naranja Mecánica, interpretado por Malcolm McDowell, en 1971 empezaba a hacerse recurrente, cuando el malchico escuchaba música de Beethoven en su habitación.

Desde 1980 hasta la eternidad, quién vio y vea El Resplandor sabrá, gracias a esa característica forma de mirar a cámara, que el bueno de Jack Nicholson descendía por completo a la locura. Una vez que el personaje Jack Torrance la realice, comenzarán las persecusiones, gritos y hachazos.

Previamente, en 1960, Alfred Hitchcock había utilizado este medio para retratar el estado del aficionado taxidermista Norman Bates, en la que será mi película favorita desde siempre hasta el final de mis días: Psicosis. Cuando Anthony Perkins ya no azote en aquel albergue camino a California, un gran primer plano lo captará con ese particular gesto.




A modo de anexo, diré que en casi 36 años pasé por todo en mi relación con el fútbol. Fui fanático de Boca, supe las formaciones de cualquier club y más adelante sólo conocía la del Xeneize. Después no sabía ninguna. También fui aquel que se interesaba solamente cuando llegaba el Mundial y ahora soy el que va a ver a Atlanta dentro de un rato. A todos ellos la vida les debía ver a Argentina campeón del mundo.

Cuando noté que Messi salía así, entendí que estaba completamente decidido a que no se le escape esta vez. ¿Cómo no iba a conseguir verlo, de una vez, en 2022? Si el líder y capitán del equipo estaba completamente loco e intimidaba a cualquiera de esa forma.

Link a la nota> La mirada Kubrick - Circo Romano 10AÑOS

lunes, 10 de julio de 2023

Walter Yonsky y mis primeros recuerdos musicales


Texto Andrés Birman

 
Mi viejo se hizo amigo de Isaac Wrzacki en la primaria o en la secundaria y, de alguna forma que nunca me fue contada, la relación siguió.
Luego de unos años, participó en radioteatros e incursionó en la música hasta ser un artista con cierto reconocimiento. En el mundo del espectáculo pasó a ser Walter Yonsky.

Con insistencia, mis padres se encargaron de llevarme a su muy buen espectáculo infantil y alguna que otra noche también lo he visto en su faceta tanguera, supongo porque no había quién me cuidara. Sólo recuerdo que memoricé varias estrofas y que en un tramo de sus shows nocturnos hacía un pequeño monólogo, en el que bebía de una botella e interpretaba a un borracho. No entendía mucho, pero me causaba gracia.

Siendo yo todavía niño y ya en ausencia de mi progenitor, mi madre pasó a ser parte del armado de los conciertos para niños. No contaba con una puesta en escena muy espectacular, pero todos los domingos tenía que estar en la sala Enrique Muiño del Centro Cultural San Martín. Ese solía ser también mi plan de fin de semana.

Hasta Andrés Birman formaba parte de la actuación, pues en determinada canción subían los pibitos al escenario para dibujar. Quien les habla entraba al escenario a repartirles las hojas y los crayones para que lo hagan. Me creí "integrante de la producción" y tenía que lidiar con el cariño de la fanaticada de Yonsky.

Hace varias semanas su nombre volvió a mi cerebro y escuché un poco del material disponible en YouTube, el cual recomiendo a todos los que tengan hijos. Y a sus hijos también, por supuesto.

Esta tarde me puse a buscar noticias sobre su triste final, pero internet me llevó a una publicación de Mercado Libre, que ofertaba a precio accesible uno de sus vinilos, grabado en 1973. Me pareció buena idea adquirirlo porque es parte de mi historia; así que recién llego de Chacarita. Si a alguien le importa, para ir salté el molinete del subte.

Un día de estos tendré disponible una bandeja y voy a escucharlo.

Moraleja: la tragedia lleva al consumo.